Trucha de medio dia
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LA TRUCHA DEL MEDIO DÍA   

Mario Almonacid Paredes

Puerto Montt

Hace menos de 24 horas me encontraba junto a un amigo en un lugar que debe ser lo más parecido al paraíso de los pescadores. En el sur de Chile, en el lago Tagua Tagua.

Este lago se encuentra en la Décima Región de los Lagos, relativamente cerca de la ciudad de Puerto Montt.  Rodeado de montañas, sus aguas verdes desembocan en el Río Puelo, que unos kilómetros más abajo desemboca en el Estuario del Reloncaví.

Instalamos nuestro campamento a orillas del lago, entre un bosquete de arrayanes, ulmos y coihues. Ni una sola nube en el cielo. Simplemente perfecto. Hace pocos meses se inauguró un puente que permite acceder en vehículo a ese lugar, que antes era solo privilegio de quienes pudieran costear su estadía en un exclusivo hotel.

Correntadas, aguas quietas, remolinos, para todos los gustos. Solo se necesita paciencia para gozar del esperado pique.

A las 5:45 de la mañana enfilé hacia el río con la esperanza de atrapar alguno de los míticos especimenes de hasta 15 kilos que a veces favorecen a algún “suertudo”. No había viento. La luna llena caía sobre las montañas y al otro costado los primeros rayos del sol alumbraban los cerros nevados.

No pasó nada. Busque muchos lugares donde deberían haber estado los peces. Arrojé al agua ninfas, streamers, secas...todo el arsenal. Ni un solo pez se dignó a seguir alguna de mis moscas. En la superficie, a media agua, profundo, nada...Dice un amigo que cuando el lugar es muy lindo, lo más probable es que no haya pique, porque si no significaría que uno está muerto y llegó al cielo.

Cerca de las 8 de la mañana, cansado de enredar anzuelos en los arbustos, hice un alto para tomar un reconfortante café. A las 9 realicé un cambio de estrategia. La pesca sería embarcada. Con Alexis, uno de mis compañeros, nos subimos al pequeño bote de madera y partimos hacia unas prometedoras totoras donde seguramente estaba lleno de salmones. Nuevamente moscas al agua, arrastre, profundidad, superficie...nada.

Pero la perseverancia en esto de la pesca tiene sus recompensas. Nos acercamos a las paredes de roca que flanquean el río en esa parte y de pronto, zazzz. Una truchita encaró hacia una ninfa de pelo de liebre...un par de cabezazos y se fue hacia las profundidades. Renacidas las esperanzas fuimos afinando la técnica. El bote de desplazaba a la deriva a unos 5 metros de la pared de roca, bajo los árboles...cortos lanzamientos hacia la orilla.

De pronto Alexis tuvo un lindo fario tomado de su anzuelo...Se fue...

Pero algo sacamos en claro, a pesar de ser cerca de las 11 de la mañana, de la claridad del agua y del sol radiante, las truchas estaban comiendo en la superficie.

Al fin, después de toda la mañana, tuve una preciosa arcoiris, de no más de un kilo y medio tomada de una ninfa de pelo de liebre, anzuelo 10.

El corazón agitado, la adrenalina corriendo por cada uno de mis capilares. La primera pieza interesante de la temporada y las ganas de regresar el próximo fin de semana.

Moralejas:

·        Cuando hay suficientes ganas y paciencia, siempre hay un pez que toma tu anzuelo.

·        Si el paisaje es maravilloso, con truchas es perfecto.

·        Aunque el sol esté en lo más alto, siempre existe la posibilidad de pique, aún cerca de la superficie.

·        Siempre busca la vegetación: bajo los árboles, entre las totoras, entre las algas...te espera alguna sorpresa.

 
 
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