Carlos Alberto De Sanzo/ Aníbal Rubén Ravera

 

COMO CRIAR

LOMBRICES ROJAS

CALIFORNIANAS

 

PROGRAMA DE  AUTOSUFICIENCIA REGIONAL


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Queda hecho el depósito que prevé la ley 11723

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Tercera actualización: Enero del 2000

 

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Introducción

Ecología en el hogar

Mucho es lo que se escucha hablar de ecología pero siempre con el énfasis en cuestiones globales: Efecto invernadero, agujero de ozono, extinción de especies, etc. ¿Cuál es el alcance de la toma de conciencia? Pensemos en la radio, la televisión, los diarios, los parlamentos, los juzgados, los foros internacionales... En todos ellos se discute, se descalifica, se reclama, se critica, se censura, pero la mayoría de las veces sin la compañía de soluciones.

Si cuando se enuncia un problema como la desaparición de las selvas tropicales o el peligro de la explosión demográfica, no se sugieren soluciones viables, lo que se genera es contraproducente: angustia, incertidumbre, temor o simplemente pasividad.

Las imágenes de lugares remotos arrasados por el desdén humano no contribuyen en nada si no se proponen de inmediato los mecanismos para que eso que se ve no se repita en el futuro. Pero los problemas que se muestran son en general grandes, complejos, difíciles y apocalípticos. En síntesis imposibles para un individuo que reconoce sus limitaciones.

Saber que en nuestra propia casa podemos ser protagonistas de la lucha para la preservación del medio ambiente puede ser una salida positiva a la crisis ecológica. Preocuparnos y rectificar rumbos en medio de la sociedad de consumo es una manera concreta de insertarnos en esta epopeya del tercer milenio. El secreto de todo es pensar que como los grandes daños se producen a nuestro alrededor, con una buena intervención en nuestro entorno inmediato, también estaremos contribuyendo a disminuir la presión sobre los ambientes silvestres amenazados por el hombre.

El problema de la basura es grave en todo el mundo. Más de la mitad de los residuos que se tiran a diario son materias orgánicas, es decir, restos rápidamente degradables por la naturaleza. Si tomáramos la decisión de transformarlos en el hogar mediante lombrices rojas californianas, podríamos sentirnos satisfechos ya que disminuiríamos la contaminación y la tarea inútil de transportar y depositar en vertederos cantidades inconmensurables de residuos orgánicos. Este despropósito malogra, por otra parte, la posibilidad de obtener toneladas de excelente abono orgánico con el que se podría revertir la degradación de los suelos de nuestra propia región.

Estamos entonces frente a una solución efectiva pero ignorada para los residuos sólidos urbanos. La transformación de la basura orgánica en compost es el primer eslabón de la reducción, reutilización y reciclado de la basura industrial. Los municipios deben encarar lucidamente estos dilemas: ¿Lumbricultura o relleno sanitario? ¿Lombrices o plantas de tratamiento?

Nuestra propuesta es la lumbricultura doméstica y comunal como el medio más rápido y eficiente para resolver el problema global de la basura y para recuperar suelos en las zonas urbanas y rurales.

Programa de Autosuficiencia Regional ha distribuido durante  los últimos años miles de núcleos de lombrices rojas en todo el país iniciando a nuevos lumbricultores y asesorando a municipios del interior de país.  Este es un camino posible para aumentar la participación ciudadana y la conciencia sobre el tema, pero sin duda irán  apareciendo nuevas propuestas y sobre todo la decisión política de encarar el problema desde sus raíces.


La alimentación es el destino

En la historia, la alimentación es el destino. Al salir de la selva para ocupar los valles y llanuras, el hombre se hizo cada vez más dependiente de los animales que cazaba. El dominio del fuego, las armas rudimentarias y el lenguaje son adquisiciones que surgieron ligadas a dicha actividad.

Este recurso funcionó bastante bien durante dos millones de años. Luego los alimentos dejaron de estar al alcance de la mano disminuidos por la sobre explotación y los cambios climáticos. La relación costo-beneficio en la búsqueda del sustento se tornó desfavorable. Los cazadores prehistóricos debían recorrer mayores distancias para obtener un magro resultado. En esta coyuntura crítica aparece el primer modelo productivo que tuvo la humanidad con la invención de la agricultura y la ganadería. En vez de emboscar a las manadas de rumiantes siguiendo sus migraciones estacionales  los domesticaron. En lugar de viajar por bosques y selvas para llegar en el momento de la maduración de los frutos aprendieron a cultivarlos.

Las nuevas técnicas mantenían algunos aspectos del nomadismo anterior. Quemaban un sector del bosque o de la selva y  cultivaban hasta que se agotaba la fertilidad del suelo. Luego se trasladaban a otro sitio y repetían la misma rutina. Después de algunos años retornaban al punto inicial, donde la naturaleza ya había restaurado las antiguas heridas y el ciclo volvía a repetirse.

Esta forma de vida aumentó la tasa de natalidad. Se hizo necesario emplear más mano de obra para tareas como labrar, regar o cosechar. Los bosques se talaron para aumentar las tierras de cultivo y por lo tanto había que ir  cada vez más lejos a buscar leña o llevar los animales a pastar.

Cuando un pueblo que vive de la caza y la recolección comienza a practicar la agricultura y la ganadería se vuelve más conservador. Hay una razón lógica: no demanda la  misma dedicación cazar un venado y compartirlo alegremente en torno a la fogata tribal, que las prolongadas labores del campo.  Se hace necesario el  surgimiento de una organización política, civil y militar para la administración y defensa del territorio y los graneros.

En la América precolombina los incas llegaron a sostener una población de más de 30 millones de personas con una agricultura eficazmente controlada. Tenían una fantástica administración del suelo, agua, información, y los servicios sociales, superior al de cualquier país industrializado moderno.

El segundo modelo productivo aparece con la revolución industrial que trajo consecuencias imprevisibles sobre la cultura, el agro y el medio ambiente. Los imperativos de la mecanización y el mercado propiciaron una creciente urbanización con su saga de despoblación rural, consumismo, y concentración económica.

En cuanto a la creciente expoliación del suelo un hecho importante ocurrió en  1840, cuando el Barón Justus Von Liebig, un químico alemán, publicó el ensayo ''La química en su aplicación a la agricultura y a la fisiología ''. Von Liebig redujo la nutrición vegetal a la absorción de un mínimo de elementos imprescindibles para el desarrollo completo de una planta. Se basó en el análisis químico de los minerales presentes en las cenizas de las plantas, sin tener en cuenta la materia orgánica ni los complejos procesos microbiológicos que ocurren en la relación raíz-suelo.

No es casual que fueran químicos y alemanes - Fritz Haber y Karl Bosch -, quienes inventaran en 1914 el proceso para la fijación catalítica del nitrógeno atmosférico. Con este artificio Alemania pudo obtener simultáneamente nitratos para el agro y explosivos para la guerra.

Lo cierto es que en la naturaleza, la fijación del nitrógeno atmosférico y su transformación en iones asimilables por las plantas se hace por intermedio de bacterias, las que obtienen su energía mediante la oxidación y reducción de compuestos orgánicos. Esto no cuesta nada y prácticamente la cantidad de nitrógeno fijada por los microorganismos nitrificantes y la vuelta a la atmósfera por los desnitrificantes se mantiene constante y equilibrada.

Con los abonos industriales se fija más nitrógeno del que se libera. El excedente es arrastrado a los cursos de agua provocando el proceso de eutrofiación. Se trata de un drama en varios actos que comienza con el exceso de nitratos aumentando la población de algas. Al morir, estas son descompuestas por microorganismos, los que a su vez agotan el oxígeno del agua durante ese proceso. En el último acto mueren los peces por asfixia.

Desde el punto de vista económico, la fijación industrial de nitrógeno resulta un negocio "a lo Pirro". En efecto, el consumo de calorías para producir un kilogramo de alimento mediante el uso de agroquímicos supera a los contenidos en el mismo. Hasta ahora este derroche energético se pudo ocultar gracias a la subvención del petróleo, un recurso no renovable.

Pero éste no es el único problema. Los fertilizantes químicos y el monocultivo trajeron un desequilibrio ecológico que transformó en plagas a poblaciones de insectos, hierbas, hongos y microorganismos que anteriormente estaban equilibrados. Para controlarlos los científicos crearon pesticidas químicos sintéticos. Sin embargo, no previeron que esta intervención favorecería el surgimiento de nuevas generaciones de insectos genéticamente resistentes. Se inicia un círculo vicioso en el que se necesitan ahora productos cada vez más potentes que contaminan la tierra, el aire y el agua.

En menos de cien años el modelo industrial languideció por la misma razón que los anteriores: sobreexplotación y cambio climático - esta vez provocado por el propio hombre - 2/3 de la tierra cultivada está dedicada a 7 u 8 tipos de cereales. Buena parte de esta producción se destina al engorde del ganado mientras que millones de personas padecen hambre. Hace falta encontrar un nuevo modelo. Es el momento de recordar que la naturaleza dispone de un modelo productivo más eficientes que los ofrecidos por la ciencia y la tecnología. El mismo está basado en la preservación de la diversidad y la integración de los sistemas. La agricultura orgánica, la Permacultura y las tecnologías sustentables serán los logros de la nueva cultura.

Legitimidad de la agricultura orgánica

¿Por qué hacer agricultura orgánica? La agricultura moderna intensiva enfrenta dos graves cuestiones: En primer lugar, provoca una contaminación del suelo y las napas de agua debido al uso de abonos químicos y pesticidas. Además, estos productos causan un deterioro de la estructura del suelo al disminuir su carga bacteriana. Esto lleva a emplear maquinaria agrícola cada vez más pesada para roturar las tierras dañadas, con lo que el problema se incrementa y se crea un círculo vicioso. Por otra parte, el monocultivo, la hibridación y la ingeniería genética disminuyen la biodiversidad biológica, aumentan la dependencia económica de los países periféricos respecto a los centrales y provoca éxodo rural y desempleo.

En segundo lugar, La agricultura moderna interfiere en la calidad de los alimentos mediante la presencia de tóxicos en la alimentación y la ausencia de ciertos nutrientes por causa de una fertilización deficiente.

Las empresas que fabrican estos productos y las reglamentaciones que facilitan su uso,  sostienen  que la presencia de estos químicos en las plantas es baja y tolerable por el organismo, o que se trata de sustancias que se degradan rápidamente en el medio ambiente.

Esto no es real y hay cientos de ejemplos que contradicen los argumentos “tranquilizadores” de las multinacionales químicas. Uno de los más contundentes es el caso de los organoclorados. Claude Aubert, del Instituto Nacional de Agronomía de Francia, cuenta que en este país se realizó hace unos años un estudio cuyos resultados espantaron a las autoridades y a la opinión pública: el tenor de organoclorados en la leche de las mujeres era de veinte a cincuenta veces superior al de la leche de vaca. Esto no es sorprendente dado que, como una mujer se encuentra en el final de la cadena alimentaria, los pesticidas que ella va acumulando son eliminados a través de la leche en una cantidad más concentrada. Esta fue una constatación que, entre otras, llevaron a la prohibición de los organoclorados en Europa.

Se desarrollaron a continuación biocidas de segunda generación, los organofosforados. Se creía que debido a que estos se degradan en pocos días el problema estaba solucionado. Sin embargo, no  tuvieron en cuenta que estos pesticidas se transforman en productos de degradación, de cuyos efectos hay un total desconocimiento. 

Los abonos químicos industriales como el nitrógeno, sodio y  potasio, desequilibran el suelo desde el punto de vista mineral, ionizándolo de una manera exagerada. Estos iones penetran por ósmosis, dada su alta solubilidad; la planta los absorbe en mayor proporción de la que necesita y se desequilibra. Por ejemplo la proporción de nitrato de la hoja de espinaca sin abono nitrogenado es de 23 partes por millón. Con un abonado de 30 kg. de nitrógeno por hectárea pasa a contener 420 partes por millón. Esto es inconveniente para la salud del consumidor, pues los nitratos en un medio reductor (especialmente la cocción) se transforman en nitritos peligrosos para la hemoglobina de la sangre.

Pero hay otros inconvenientes: el exceso de potasio en el suelo inhibe la asimilación de minerales vitalizantes como el magnesio, el fósforo y la mayor parte de los oligoelementos. La disminución del magnesio en las plantas que consumimos disminuye las defensas del organismo, y favorece la aparición de enfermedades graves. La fertilización basada en materias orgánica y minerales naturales molidos, que constituye el fundamento del método de la agricultura orgánica, es la única que puede asegurar a las plantas, y, por consiguiente, al hombre, un suministro normal de los oligoelementos necesarios.

La agricultura orgánica se propone, frente a este panorama dilemático e incierto, como una técnica sostenible y económica a la vez. Se trata de método de cultivo practicado con éxito en muchos países. Está basado en la fertilización orgánica viva y en la lucha indirecta, no violenta contra los parásitos y en colaboración permanente con la naturaleza. Este método tiene muy en cuenta el medio ambiente (como el uso de cercos vivos que aumenta la fertilidad de la tierra creando un microclima favorable) y emplea un conjunto de prácticas como ser el uso de abonos verdes, lombricompuestos, compost, rotaciones, uso de cultivos alternados o plantas compañeras. El lema es: si el suelo está sano, también lo estarán las plantas y los seres que se alimenten de ellas.

Llama la atención que pese a la excelencia de la agricultura orgánica y su importancia económica y ambiental, un informe del año 1987 de la Organización Mundial de la Salud descalificaba irónicamente estas prácticas considerándola una "fobia química", y un "entusiasmo sentimental por los viejos tiempos". A continuación este informe realizaba una revista "necrológica" acerca de la temprana edad a la que fallecieron sus principales precursores.

Unos años antes de que se lanzara la Revolución Verde, en la década del '70, se publicaban artículos en donde se ridiculizaba a los agricultores que se negaban a utilizar los agroquímicos. Harland Manchester, en una extensa campaña periodística a lo largo de las décadas del '60 y '70, en artículos de difusión masiva, como los de la revista  "Reader's Digest," se refirió a los abonos orgánicos  como un mito supersticioso propio de granjeros ignorantes.

En 1970, Borlaug, el padre de la Revolución Verde fue galardonado con el premio Nobel de la Paz, por su contribución a la selección de cereales apropiados para la producción intensiva. La propuesta era tomar lo que servía del  patrimonio genético de un vegetal, trivializando el resto, y por ende empobreciendo nuestra relación biológica con el medio ambiente. Esta simplificación es propia de una concepción reduccionista que despoja a los recursos naturales o culturales de sus variables singulares justificando el despojo con argumentos utilitarios o altruistas. Con la promesa de un mundo sin hambre se inundó el mercado mundial con cereales híbridos de alta producción adictos a dosis crecientes de fertilizantes e insecticidas sintéticos.

Hoy hay una situación real que no podemos desconocer: todo este sistema de producción  y distribución esta basado en un recurso no renovable, el petróleo. Como la tendencia es el agotamiento de esta fuente energética tenemos que decidir que sistema de producción elegiremos: o bien nos inclinamos por las utopías tecnológicas, o bien adoptamos un estilo de vida compatible con el aprovechamiento integral y sostenible de la naturaleza.

Un indicador de esto último es posible, es el informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos que estima que 100.000 de los 2.1 millones de granjeros están haciendo agricultura sin productos químicos o están a punto de eliminarlos y este número esta creciendo rápidamente.

¿A que obedece este cambio? ¿Es otra vez una moda? ¿Es una corriente filosófica? ¿Es una variación en los gustos del  mercado consumidor? Hugo Castello, biólogo destacado de la comunidad científica argentina, explica este cambio por la transformación de la conciencia del consumidor que demanda productos sanos. Esto es cierto, pero no termina de explicar la base profunda del cambio; los gustos y preferencias del consumidor no modelan automáticamente la oferta del mercado.

La respuesta es sin duda económica: la clave sigue siendo el petróleo. Con petróleo se hacen insecticidas, fungicidas, herbicidas, fertilizantes y la mecánica de tractores, riego y transporte. A esto hay que agregarle la molienda, la cadena de frío y/o sistemas de conservación y envasado. Y  como el petróleo es cada vez más costoso el  sistema económico internacional - impasible en apariencia - ya está anticipándose a la crisis que se avecina desempolvando la antes desdeñada agricultura orgánica.

 

CONTINUA....

  

 

 
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