Escrito del Pez Vampiro
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EN BUSCA DEL PEZ VAMPIRO

Autor: Germán A. Vásquez Solís Talavera

Es viernes a media mañana y el sol cae como plomo sobre la tripulación de la lancha más veloz de la cuenca, que se desliza casi a 20 nudos sobre las rojizas aguas del río Madre de Dios.

Un amplio giro a la derecha y tras el cambio de color del agua a uno más negruzco y transparente, iniciamos la surcada por el río Tambopata, el cauce más estrecho y encajonado, también conocido por sus rápidas variaciones de caudal. Un verde casi lujurioso corona las orillas contrastando con el rojo naranja de la arcilla del cauce. Pasamos frente a la localidad de Infierno con sus altas riberas que traen recuerdos del año pasado, cuando la lluvia alejó el esquivo trofeo y nos llevó a embarcarnos en este pueblo conectado por una rústica trocha a la ciudad de Puerto Maldonado. Luego, la presencia de la civilización es cada vez menor, uno que otro albergue turístico y pasando la boca del río La Torre, el cauce se hace cada vez más complicado por la presencia de fondos de piedra o grandes rocas (Cashuelas), cuando no algún árbol trabado en el cauce a la espera de un incauto navegante.

Luego de 4 horas navegando de surcada, llegamos al Albergue a orillas del río Tambopata, el último aguas arriba en recibir turistas, solo queda un puesto de investigación a dos horas en lanchas de menor porte. Mi rostro se ilumina con una amplia sonrisa al ver lo bajo que está el río, lo relativamente claro del agua y lo despejado del cielo augurando una buena pesca en los linderos de la reserva Bahuaja-Sonene.

Como me conocen bien, podrán suponer que quería tirar todo por la habitación y salir corriendo en busca de las Chambiras (nombre local de las Payaras), que seguramente acechaban en los rápidos de la cashuela Baltimore. Patty y el calor de más de 36 grados recomendaron unas cervezas y un almuerzo ligero así como una espera hasta las tres de la tarde preparando los aparejos. ¡NO se podía escapar ninguna de estas fieras de la Amazonía!, Había que ser cuidadoso con cada nudo, revisar cada carrete, las líneas que no estén resecas y a los anzuelos había que sacarle filo; las mandíbulas de la presa objetivo son puro hueso. Una nueva verificación, abundante dosis de repelente y gorras grandes y mangas largas pues la quietud del viento anticipaba la presencia de la Manta Blanca; pequeño mosquito que viene de a cientos a beber nuestra sangre mejorada con la cerveza.

 

Cuando la selva comienza a retomar sus melodías al compás del penetrante trino de los Paucares, es indicio que la temperatura ya baja los 32 grados, la selva despierta del sopor del medio día y con ella los deseos de pescar. Nos embarcamos en el bote de Eduardo, conocido amigo de anteriores aventuras en la zona, rumbo a la cashuela que ven en la foto, a la cual ya había pasado revista en numerosas noches de insomnio.

 

Una gran poza la antecede surcando el Tambopata desde el albergue, en esta poza en las tardes y noches se pescan Zúngaros enormes, de hasta más de 80 kilos así como sabrosas Doncellas y Boquichicos, cuando no un mítico Saltón de 150 kilos. Al acercarnos me sentía cada vez mas eufórico y contento, el agua si bien bajaba su nivel muy lentamente, estaba ya bastante baja. El cielo despejado coincidía con los pronósticos; si llovía sería el Domingo en la noche, teníamos tiempo suficiente para lograr algunas capturas del pez más esquivo de agua dulce.

La tarde fue propicia y luego de algunos lances un violento pique anunciaba a la primera Chambira que peleaba por su vida en el otro extremo del sedal, el pez buscó con un salto inmediatamente la ayuda de la corriente y se valió de ella para tomar mas de 30 metros de línea, la caña se doblaba con los profundos cabeceos, mientras el carrete chirreaba al borde de quemar el freno. Algunos saltos más dieron muestra de gran fortaleza y de su enojo al igual que las largas carreras paralelas a las rocas y muy cerca buscando que alguna de ellas corte el sedal multifilamento trenzado que se emplea para resistir esta pelea, que duró algo mas de 10 minutos, poco para la tradicional fiereza de esta especie, casi de leyenda.

Recién entonces pudo Patty tomar esta foto de la Chambira o Payara como se conoce en otros países de la cuenca del Amazonas a este extraordinario pez buscado por lo largo y pundoroso de su pelea. Los dorados reflejos indican que la tarde declinaba en el primer día de un fin de semana lleno de aventuras.

 

Mirando la mandíbula inferior es fácil adivinar el porque algunos le dicen pez vampiro, la verdad es que no se alimenta de sangre sino de peces a los cuales acecha en los rápidos, aprovechando su gran fortaleza y velocidad, una vista a la “boquita” nos indica que son pocos los que se escapan de esta feroz mordida. Dos poderosos dientes constituyen su dentadura principal, escondidos en la poca carne, dos más esperan reemplazarlos en el caso alguno se rompa, estos grandes dientes penetran el maxilar superior y lo atraviesan, apareciendo sobre la cabeza cerca de las fosas nasales.

 

Una fila de dientes en la que se distinguen con claridad los dientes secundarios de mas de un centímetro y medio, y luego intercalados dos filas de dientes cada vez menores pero mas afilados completan esta trampa mortal para las sardinas y demás presas que tratan de surcar los rápidos. Su carne blanca y de sabor agradable es abundante en espinas que se bifurcan algunas mas de una vez. Preparado con hierbas de la zona envuelta en hojas de “Bijao” cocido al vapor y sazonado con ají y jugo de Cocona silvestre es un plato delicioso, resultando fácil deshacerse de las espinas por su gran tamaño.

Cayendo la tarde, pasaban las parejas de Guacamayos azules y rojos retornando de alguna “colpa” con dirección a sus nidos, anunciando su presencia con potentes chillidos, volando algo mas bajo los loros y piguichos en bandadas cumplían similar propósito mientras el cielo se tornaba rojo y una refrescante brisa nos marcaba el fin de la tarde.

Luego de una cena discreta y abundantes líquidos que debíamos proteger de los insectos que pugnaban por probar bocado, nos fuimos a descansar atravesando un largo camino alumbrado por distantes mecheros y la luz de nuestras linternas en medio del omnipresente ruido de los miles de insectos y aves que hacen el relevo de actividades al anochecer, una que otra perdiz anuncia su presencia y un gran coro de grillos y chicharras hacen el eco mientras la mente vuela sobre la almohada soñando con el día siguiente.

La mañana nos encontró ya levantados saboreando un desayuno que ofrecía un café de fragancia exquisita y muy baja acidez, se dice que viene de Quillabamba al norte del Cuzco, unos panes con queso fresco y un refrescante jugo de Papaya y estábamos listos para retornar a los lugares de pesca. Eduardo se presentó como siempre puntual a la cita y pocos minutos después los señuelos surcaban las aguas en busca de la presa deseada, nos separamos un poco a fin de cubrir mas área puesto que no lográbamos el objetivo cuando de repente Patty con gritos por todos nosotros conocidos, anunciaba el inicio de la lucha, llegué algo retrasado con la cámara filmadora, pero a tiempo para tomar esta foto a la mayor presa del paseo, una hermosa Chambira hembra de más de 10 kilos, con una panzota llena de huevera como pueden apreciar en esta foto, que no le hace justicia ni al esfuerzo por sacarla ni al tamaño de la bestia.

En total sacamos seis Chambiras, 5 sobre los 7 kilos, la más pequeña (4 kilos) fue magistralmente preparada en hojas de Bijao y degustada la segunda noche en el albergue, que con su profundo olor a selva nos relaja y seduce, en ausencia total de TV y radio, nos permite conversar y planear el futuro.

 

No era mi primer encuentro con la colosal criatura, ya habíamos medido fuerzas en anteriores viajes, muchos autores nos cuentan que el promedio de éxito es solo el 10% de los piques, por experiencias anteriores sabía que los señuelos de plástico termo formado, son perforados por las majestuosas fauces, cuando no partidos sin misericordia. Un estudio a la mordida me llevó a deducir que se requería de señuelos delgados y con núcleo de madera balsa, así sería mas probable lograr una clavada correcta. La oferta del mercado me llevo a escoger como el más adecuado al Rapala Sliver, en el tamaño chico para presas de hasta 10 kilos y luego el grande, los colores el popular cabeza roja y el verde con dorado ante la ausencia de un “Fire Tiger”. Eso si hay que cambiarles los anzuelos triples por los “Gamakatzu”

reforzados 4X en tamaño 3/0 y 4/0 respectivamente, previos 10 minutos por anzuelo dejándolos con un filo de cuchillo de barbero. La segunda alternativa el Rapala Magnun Count Down, en tamaños 11 y 14, también cambiando los anzuelos por los indicados anteriormente, ahora si el color preferido es “Fire Tiger” y luego el dorado y el Red Head, con estos mi promedio de capturas es de 75% realmente es muy alto para esta especie.

La caña???? Mi favorita para estas presas, en 8 pies de largo para poder alejarla de las piedras cuando buscan la peña para romper la línea y fuertes para pelear Chambiras cuando no corvinas. Una Daiwa Sealine de la serie XS para impulsar señuelos de hasta 3 onzas la SL-X S802MRS en puro grafito.

El carrete escogido debía tener gran capacidad de frenado, manivela larga para cobrar sedal en plena pelea y buena capacidad de lance. Entonces opte por el Daiwa Emblem 5500 XH, un verdadero tractor, la carga de línea es de “Power Pro” en color verde; un multifilamento ya probado en temas serios, son 300 yardas de 30 libras de resistencia y al final 8 metros de Power Pro de 80 libras, no olvidemos que al bicho le gusta tomar las piedras. Esta unión con un nudo de los mejores. Luego un destorcedor o saca vueltas de 50 libras, 80 centímetros de cable de acero multifilamento de 50 libras y un gancho para cambiar señuelos también de la misma resistencia. Quizás el equipo parezca sobredimensionado, pero hay mas de dos consideraciones al respecto; primero existen bastantes trabas en el hábitat de la Chambira y no queremos perder equipo. Segundo tampoco queremos que la presa escape con un piercing en la boca , mejor lo soltamos después de la foto sin esta incomodidad a cuestas y finalmente ¿Qué pasa si se prende uno de esos Payaras de 20 kilos que hablan los lugareños??? Yo no me perdonaría no tomarme una foto con una belleza así solo por falta de previsión.

 

Quizá algún día uno de mis sobrinos me acompañe a otra aventura en la selva del Tambopata, de repente algún lector se anima a disfrutar de unos días de aventuras; si desean que los guíe un mail puede ser el inicio de una gran experiencia. Todos son bienvenidos a conocer nuestro querido Perú.

Germán

 germanavst@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 
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