Hemingway
nació en Oak Parks (Ilinois) en 1899 y murió en Ketchum (Idaho) el 2 de
julio de 1961. En su juventud fue corresponsal de la guerra y un viajero
incansable. Durante la Guerra Civil Española no ocultó sus simpatías
por la causa de los republicanos, a raíz de lo cual fue tildado
comunista. También admiró a Fidel Castro al comienzo de su gobierno,
aunque después su entusiasmo por la Revolución Cubana se fue enfriando
notoriamente.
"El
viejo y el mar, obra publicada en 1952, narra la historia de un viejo
pescador y su lucha con un gran pez, en alta mar. En ella Hemingway revela
su profundo carió por la pesca deportiva y un gran conocimiento de la técnica.
En 1964, tres años después de su suicido (se mató de dos tiros de
escopeta) aparecieron dos obras inéditas del autor. París era una
fiesta donde hace recuerdos de su juventud y Enviado especial que
es una compilación de sus mejores artículos periodísticos.
La
pesca de la trucha en Europa figura en dicho volumen, pero antes fue
publicado (17 de noviembre de 1923) en el Star Weekly, periódico de
Toronto, Canadá.
Ernest
Hemingway mantuvo una gran amistad con Michael Lerner, el primer
presidente y fundador de la Internacional Game Fish Association (IGFA),
institución de la que el escritor fue vicepresidente en 1935.
LA
PESCA DE LA TRUCHA EN EUROPA
(Del
Star Weekly, de Toronto, 17 de noviembre de 1923)
Bill
Jones visitó a un financiero francés que reside cerca de Deauville y
tiene un arroyo de truchas propio. El hombre de negocios estaba muy gordo
y su arroyo de truchas muy desmedrado.
Estaba
tomando una taza de café; el visitado dijo amablemente:
-¡Monsieur
Jones, quiero mostrarle nuestras truchas! En Canadá abundan mucho, ¿no
es así? ¡En Normandía también se pesca mucha trucha! Se sorprenderá
cuando lo vea. Quiero mostrárselo.
El
financiero en cuestión era un hombre muy conciso; su idea de mostrar a
Bill la pesca significaría que éste miraría mientras el otro pescaba.
Empezaron. La escena resultó violenta en extremo.
Si
se hubieran puesto juntas todas las artes de pesca se hubiese podido
llenar la estantería de una tienda de objetos de deporte. Empalmadas unas
con otras, sus cañas de pescar hubieran llegado hasta París o mucho más
lejos. El valor de dichas cañas convertido en dinero hubiera hecho una
substancial mella en la deuda interaliada o sido suficientemente para
fomentar la revolución en Centroamérica.
El
visitado cebó el anzuelo con una magnífica mosca artificial.
Transcurrida dos horas pescó una trucha; estaba entusiasmado porque era
un hermoso y bien proporcionado ejemplar y medía cinco pulgadas y media;
pero tenía unas raras y negras manchas en los lados y el vientre.
-
Me parece que no está sana dijo Bill
-
Con que ¿le parece que esta hermosa trucha no está sana? ¡Es magnífica!
¿Es que no ha visto cómo he bregado con ella para poder capturarla?
exclamó el financiero, con desazón, mientras la sostenía en la
regordeta palma de su mano.
-
Pero ¿y esas manchas negras? insistió Bill
-
¿Estas manchas? ¡Bah, eso no es nada! O puede que sean gusanos. Vaya
usted a saber. Todas las truchas que hemos pescado en esta temporada son
así. ¡Verá qué sabrosa es cuando ala hora del almuerzo!
Si
acaso fuera la proximidad de Deauville lo que echaba
a perder el arroyo de truchas del mencionado financiero. Pues esta
población viene a ser una mezcla de Quinta Avenida, Atlantic City y
Sodoma y Gomorra. Ese balneario se ha hecho tan popular que las personas
verdaderamente distinguidas ya no concurren a él, y las que concurren no
hacen si no competir unas con otras para ver quién gasta más, y dicen
ser duques, duquesas, púgiles famosos, millonarios griegos o hermanas
Dolly.
España,
Alemania y Suiza son los países europeos en que abunda la trucha. El
mejor sitio para pescarla quizá sea España y particularmente Galicia.
Luego, siguen Alemania y Suiza.
En
Alemania cuesta mucho obtener permiso para pescar debido, a que todos los
sitios de pesca están dados es arriendo todo el año. Si se quiere sacar
allí hay que pedir primeramente permiso al arrendatario, luego al
Ayuntamiento y finalmente al arrendador.
Todo
este trámite no es posible cuando se dispone sólo de quince días para
dedicarse a este deporte, pues se pasan gestionando la autorización. Más
práctico es coger la caña y ponerse a pescar donde haya un buen arroyo.
Si alguien presenta una demanda contra uno, se arregla con marcos; si la
policía se queda satisfecha del todo, cesan de momento las demandas ya
uno le permiten que continúe pescando. Pero acabará uno en un hospital o
en la cárcel si el unto de rana se termina antes que hayan cesado las
reclamaciones. En una situación así conviene llevar un billete, y casi
todos darán nuestras gratitud extremada y aparecerá en su mente la
imagen del solícito y largo calcetín alemán de punto tupido: el Banco
Alemán de Ahorros del Sur.
Empleando
este método y obteniendo autorización para pescar, pudimos clorar el
anzuelo en todos los arroyos dela Selva Negra. Con la mochila y la caña a
cuestas, recorrimos todo aquel paraje; unas veces parábamos en las altas
cordilleras y en las onduladas cimas de las colinas, y otros frondosos
pinares, calveros y corrales de granja. Luego proseguíamos nuestros
caminos sin ver una alma viviente, excepto algún roedor de bayas y demás
frutos silvestres con aspecto selvático. A pesar de carecer de toda
orientación, no nos perdimos; de vez en cuando descendíamos de las montañas
al valle en busca de un arroyo. Tarde o temprano todo arroyo desembocaba
en un río, y todo río significaba una ciudad a su orilla..
Al
llegar la noche nos alojábamos en pequeñas posadas; algunas de ellas
estaban situadas tan lejos de la civilización, que sus dueños aún no se
habían enterado de la vertiginosa devaluación del marco, por lo que
continuaban manteniendo los precios antes en sus establecimientos. En un
sitio el hospedaje completo costó menos de diez centavos canadienses al día.
Un
buen día salimos de Triberg y nos encaminamos por una carretera que corre
hacia las tierras altas; allí vimos la Selva Negra en toda su extensión
y descubrimos una cadena de colinas en la lejanía; eso nos hizo suponer
que un río corría por el pie
de ellas. Tomamos por un atajo de las tierras altas y llanas y descendimos
por el bosque umbroso y fresco como el interior de una catedral un día de
agosto, a los valles. Monté la caña de pescar y, mientras Mrs. Hemingway
estaba sentada al pie de un árbol y vigilaba los caminos que pasaban por
allí, capturé cuatro excelentes truchas; cada una de ellas pesaba unos
tres cuartos de libra. Luego continuamos nuestro camino valle abajo. El
arroyo se ensanchaba, y Mrs. Hemingway cogió la caña y yo busqué un
sitio apropiado para vigilar.
En
el transcurso de una hora poco más o menos pescó seis truchas; tuve que
abandonar el puesto de observación y bajar a ayudarle a sacar dos
ejemplares del agua. Había pescado una grande; después de haberla metido
en la red, levantamos la cabeza y vimos a un viejo vestido de paisano que
estaba observándonos desde el camino.
-
Buenos días le saludé
Nos
devolvió el saludo, y preguntó:
¿Cómo
va la pesca?
-
Muy bien.
-
Bueno respondió el anciano -; es conveniente que hay quien pesque.
Y
prosiguió su camino. Si hubieran sido los labradores de Oberprechtal,
donde habíamos conseguido la licencia para pescar, habrían bajado con la
orca al hombro por el valle y
nos habrían echado del arroyo por ser extranjeros.
En
Suiza descubrí dos valiosos cosas relativas a la pesca de la trucha.
Estaba yo pescando en un arroyo que corre paralelamente al Ródano y cuyo
caudal era alto y turbio por la fusión de las nieves. Como la mosca
artificial no era apropiada, cebé el anzuelo con una carnada de gusanos
que se movían formando vueltas y retornos; al parecer, era una fina y
jugosa carnada. A pesar de ello, las truchas no picaban y ni el sedal se
movía.
Un
viejo labrador del contorno se paseaba por detrás de mis espaldas. Dada
la experiencia adquirida en ese entretenimiento, sabía yo que el arroyo
estaba lleno de truchas y me sacaba de quicio cada vez más al ver que no
pescaba ninguna. La presencia de una persona detrás del que está
pescando causa la misma desagradable sensación que estar escribiendo una
carta a la novia y tener alguien detrás que mira por encima del hombro el
escrito. Decidí sentarme y esperar a que el italiano se retirase. Mas se
sentó a mi lado; su rostro se asemejaba a un zaque. Le dije:
-
Hoy es un mal día para pescar, abuelo.
-
Lo será para usted respondió el hombre respetuosamente.
-
¿Por qué? ¿Y para usted no acaso?
-
No contestó el viejo con seriedad- Usted no pesca porque desconoce el
arte de pescar con carnada de gusano.
Y
hecho un salivazo al agua. Eso vino a hacer una leve afrente a uno que en
su adolescencia había usado un pegote de gusanos como carnada y así
capturado las truchas a unas cuarenta millas del Soo. Respondí:
-
Usted es una persona de edad; por tanto, debe tener mucha experiencia
acumulada y un gran conocimiento de pesca con la carnada de gusano.
Esto
debió agradarle y dijo:
-
Deme la caña.
Casi
me la arrebató de las manos; quitó aquella carnada de gusanos que se movía
formando vueltas y retornos del anzuelo; eligió un gusano de tamaño
medio de los que guardaba en la caja; lo puso en el anzuelo del 10; dejó
unas tres cuartas partes del cuerpo del animal colgando, y dijo con
satifacción.
-
El cebo debe ser así.
Devanó
el sedal hasta unos seis pies de largo y caló un sitio de la orilla donde
la corriente formaba un remolino. No sucedió nada. Lo sacó lentamente y
volvió a a calarlo un poco más
hondo. El extremo de la caña se encorvó; la inclinó ligeramente. Después
dio un tirón, sacó el anzuelo rápidamente y lo hizo pasar por encima de
su cabeza produciendo un sonido trémula como un poste de línea
telefónica.
Me
eché encima de la trucha; media unas quince pulgadas y dada fuertes
sacudidas. El viejo italiano me devolvió la caña, y dijo:
-
Aquí tiene una, joven. De esta manera hay que pescar con esta clase de
cebo; es necesario que el gusano se mueva en el anzuelo. De ese modo, la
trucha muerde la parte que se mueve y acaba tragándoselo con anzuelo y
todo. Tenga una experiencia en esto; llevo unos 20 años pescando en este
arroyo. La trucha huye si ve mas de un gusano. Esto ha de hacerse
normalmente.
-
Tome la caña y continúe pescando le dije.
- De
ninguna manera. Sólo pesco de noche respondió sonriendo el anciano-.
Es demasiado costoso pedir autorización para pescar.
Pero
que uno estaría vigilando por si se presentaba el guardia del arroyo
mientras el otro pescaba. Y, turnándonos cada vez que uno pescaba una
trucha, estuvimos de pesca todo el día y capturamos dieciocho piezas. El
viejo italiano conocía todos los sitios donde las había grande; cada una
pesaba una libra y media aproximadamente.
También
me enseñó el arte de pescar con la larva; este cebo se emplea solamente
en aguas claras y es una carnada mortal para el pez. Estas larvas se
hallan en troncos podridos de árboles; suizos e italianos nacionalizados
suizos las guardan en una pieza de madera plana, llena de
agujeros hechos con barrera y cubiertos con una corredera metálica.
De esa manera, la larva vive en las mismas condiciones que en el tronco
del árbol podrido y es la mejor carnada para la época estival, porque la
trucha acude sólo a la larva durante los calurosos días de agosto.
Los
suizos preparan muy bien este tipo de pescado: lo ponen en una vasija con
poco agua y así se empieza a hervir le añaden un poco de vinagre, pimentón
y laurel, dejan que hierva hasta que se pone azul. Preparada de esta
manera, conserva su sabor mejor que cualquier otro procedimiento
culinario; su carne resulta dura, picante y sabrosa, y se sirve con
manteca de vacas derretida y se acompaña con vino blanco de Sión.
Este
plato es poco conocido en los hoteles. Hay que ir a la aldea para comerlo.
Después de haber pescado, se dirige uno a un chalé y pregunta si saben
preparar la trucha de modo que se vuelva de color azul; si no, se va al
chalé siguiente. Si contestan afirmativamente, entonces toma uno asiento
en el portal, junto con los chiquillos y las cabras de la casa, y espera.
El olor le avisa que la trucha está hirviendo. Apoco, se oye saltar un
tapón; han descorchado la botella de Sión. El ama de la casase acerca
ala puerta y dice.
-
Monsieur, ya está preparada.
Entonces
puede usted retirarse, que yo me encargo de lo demás.
----0---